




















"Necesitaba" descifrar los entresijos de la música por pura ansia juvenil. En esa época aún creía que podría dominarla.
Me salvó la curiosidad. En el superior, me asomé a la asignatura Consort de flautas por lo exótico y descubrí una sonoridad de otro mundo.
Tocaba aprender su idioma y sus acentos.
De cabeza.
Cambié el metal por la tripa y agarré el arco barroco. Me encerré con especialistas en La Haya y en una abadía en Francia.
No buscaba refugio, encontré el lugar donde mi nivel de exigencia era la norma.
La interpretación historicista es la versión original. No me vale el doblaje. Sin rigor, la pasión no sirve. Respeto al compositor. Respeto a la audiencia.
Respeto a la música.
Por eso acabé defendiendo a Beethoven con Herreweghe, jugándome los tímpanos entre DJs o grabando con Juan Luis Guerra en Berklee.
Aprendí lo único que importa.
La trayectoria es insuficiente si no tienes nada que contar.

La noche previa a mi clase con él, me rebané el meñique fregando un cuchillo. Fui a urgencias, me cosieron y me presenté en el auditorio con los puntos frescos.
Quería hacerme el guay, demostrar que era el único allí que se atrevía con tripa y arco barroco.
Toqué una sonata de Vivaldi de arriba abajo. Al terminar, Coin se acercó al atril, miró la partitura y me soltó a la cara:
"Yo no veo ningún Fa# ahí"
No fue un error de lectura, sino un adornito ínfimo. Señaló una decisión de mierda que yo no supe defender en el escenario.
Bofetón de realidad.
Sin el criterio correcto, el despliegue técnico es solo ruido estéril.
He tocado con quien había que tocar y donde había que hacerlo para destilar lo único que de verdad importa.
Un sistema operativo que te salva cuando la inspiración te abandona y a la motivación ni se le espera.
Mi propia metodología.
Prioriza lo importante y mantén la estructura. No te pierdas en el ruido.
Decide qué quieres que pase en cada capa (micro, meso y macro).
Ejecuta con el menor coste posible. Maximiza el impacto real.
¿Crees que el esfuerzo bruto se recompensa con progreso? Eso es confundir estar ocupado con ser productivo. Si el sistema es defectuoso, invertir ocho horas solo mecaniza la mediocridad.
Cero repeticiones vacías.
Mi trabajo es frenar ese despilfarro de energía y tiempo para optimizar el rendimiento individual o materializar un proyecto.
Si quieres dejar de ser un simple ejecutor, entender por qué no progresas y desarrollar un criterio acumulativo real, te puedo ayudar:
Detecto el desperdicio de talento y tiempo en tu carrera o agrupación.
Tu proyecto tiene sonido pero le falta alma y dirección clara.
Tú ya sabes tocar, pero no entiendes por qué no avanzas.
La perfección no existe y la corrección me aburre. Persigo la excelencia. Se trata de una elección simple:
Tú decides.