Mi vida ha sido una persecución obsesiva por algo que hoy escasea: el rigor.
Dejé que el Cuarteto Casals le inyectara un rigor técnico obsesivo para luego saltar al barroco, cruzar el charco hasta Berklee y terminar mezclando la tripa del chelo con la polirritmia africana y el jazz manouche.
Mi trayectoria no es una lista de éxitos, es una acumulación de impactos y cicatrices que me han permitido entender el lenguaje de la música con precisión. Sé lo que es que el oficio te duela y sé lo que es que el oficio te libere. Solo cuando limpias el ruido empiezas, de verdad, a sonar. En un mundo lleno de músicos ejecutores, yo me dedico a la escucha consciente.
Hoy, desde Valencia, utilizo esas décadas de 'impactos' para que otros músicos dejen de dar palos de ciego. No enseño a tocar; entreno el criterio y la ejecución con una precisión casi quirúrgica.
En el Superior, cuatro años de cámara intensiva con el Cuarteto Casals me inculcaron un rigor técnico y expresivo obsesivo. Me contagié de esa exigencia para siempre, así que al descubrir la música antigua su impacto me obligó a viajar constantemente para aplicarla también con arco barroco y tripa.
Clases con Christophe Coin, Bruno Cocset, Jonathan Manson, Anner Bylsma...
Buscaba otro rigor: el estilístico y estético. Cuando Jaap ter Linden me propuso ir a La Haya, no dudé.
En el Koninklijk Conservatorium de La Haya acompañé como continuo en las clases de mis ídolos: los hermanos Kuijken, Wilbert Hazelzet, Ton Koopman, Elisabeth Wallfisch...
Diez veces al año iba a Francia al máster Musique: Recherche et Pratiques d’Ensemble / Orchestre classique et romantique, donde acompañé a solistas como Robert Levin, Lucy van Dael o Ronald Brautigam bajo la dirección de Philippe Herreweghe, Hervé Niquet o Marc Minkowski.
Dos años intensos formando un criterio acumulativo.
Volví a España deseoso de propagar todo lo adquirido así que me formé para ello con la docencia en mente: Másters del profesorado y de Comunicación Cultural.
Impartí clases a todos los niveles y edades mientras recorría Europa con conjuntos historicistas como la Jeune Orchestre Atlantique, Harmonia del parnás o La Spagna.
Del oficio recibido al oficio compartido. Pero siempre queda más por explorar.
Berklee fue efervescencia creativa constante. Pasé de la tripa al chelo eléctrico y de los tratados del XVIII a la polirritmia africana, el jazz manouche o la producción contemporánea. Toqué en musicales de Broadway y conciertos con Juan Luis Guerra.
Trabajé como músico de estudio y creé departamentos híbridos clásico-modernos. Con el Master of Music in Theory and Ear Training puse el foco en la escucha consciente aplicada a la interpretación. Requisito fundamental.
La escucha consciente es la base de mi trabajo de vuelta en España.
Como productor artístico y mentor, optimizo el rendimiento de músicos minimizando el ensayo y error del aprendizaje desestructurado.
Aplico el rigor de estas décadas en una metodología diseñada para construir criterio y ejecutar con agencia. Un proceso que integra la atención plena en la escucha, la intención clara en el discurso y la acción precisa en la técnica.
Un sistema operativo para que el oficio gobierne al ruido.